¿Por qué hay tanta diferencia entre los datos del paro y de la EPA?

En cualquier país existe un cierto número de personas que desean trabajar, pero no tienen un empleo. Puede ser por diversas razones, y dependiendo del número de personas en relación a la población en edad de trabajar de ese país, y del tiempo que tarden en encontrar un empleo, podrá ser algo negativo o algo que se encuadre dentro de la normalidad. Pero si nos fijamos en la medición de ese desempleo, más concretamente en el caso español, para conocer el número de personas que se encuentran paradas en España, podemos hacerlo por dos métodos: mediante los datos de los Servicios Públicos de Empleo, o con los datos que arroja la Encuesta de Población Activa (EPA). Los últimos datos de las oficinas de empleo dicen que actualmente hay 4.215.031 parados, mientras que la última EPA señala un número de 5.444.600 desempleados. Se trata de una diferencia de más de 1 millón de personas. ¿A qué puede deberse esta gran distancia?

Los datos de los distintos Servicios Públicos de Empleo incluyen mensualmente las personas registradas en sus archivos que están desocupadas y en búsqueda de empleo. En este caso no se incluyen los mayores de 25 años que buscan su primer empleo, los que tienen su demanda suspendida por petición propia, los que realizan cursos de formación profesional o los que reciben un subsidio agrario. Tampoco incluye a personas que buscan un empleo por período inferior a tres meses o de jornada inferior a 20 horas semanales.

Por otro lado, la EPA es, como su propio nombre indica, una encuesta, con un número de encuestados, y un margen de error. Es realizada trimestralmente por el Instituto Nacional de Estadística y sufraga datos de 60.000 familias (unas 180.000 personas), e incluye a todas las personas mayores de 16 años que no tienen empleo y lo buscan, y a las personas que ya han encontrado trabajo pero aún no se han incorporado. Los expertos suelen dar más credibilidad a la EPA porque incluye a personas que han desistido de buscar empleo y ya no se apuntan en los registros de los servicios públicos de empleo.

Mientras que la EPA se utiliza para comparar datos a nivel europeo, siguiendo estrictos criterios internacionales definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y mide no solo el número de desempleados, sino también la población activa y la ocupada, los datos de Empleo hacen un retrato más preciso de los desempleados en el momento presente. Por tanto, la diferencia básica entre ambas magnitudes, es que no miden lo mismo. Desde 2005, el desempleo que nos da la EPA es superior al de las oficinas de Empleo.

Las diferencias entre ambas mediciones pueden deberse a varias razones. Una de ellas puede ser la no obligatoriedad de inscripción en los servicios públicos de empleo (a excepción de las personas que reciban una prestación por desempleo), que hace que muchos desempleados, sobre todo de larga duración, dejen de renovar su demanda. Si estas personas son preguntadas por la EPA, serán incluidas como desempleadas, mientras que para el Ministerio de Empleo no lo son. Esta diferencia haría que los datos de la EPA sean superiores a los de las oficinas de Empleo.

Podría darse que fueran los datos de Empleo los que superasen a los de la EPA, lo cual podría suceder por el cambio de definición de paro por parte de la EPA desde 2002, que exige que una persona, para ser considerada parada, deba tener como único método de búsqueda de empleo la inscripción en una oficina pública de empleo. De ese modo, por ejemplo, un prejubilado que no busca empleo ni está disponible, pero esté inscrito por ser perceptor de una prestación por desempleo, sería una parado para la EPA, pero no para los Servicios de Empleo.

En definitiva, podríamos concluir que las diferencias entre los datos son metodológicas, y que en ambos casos se ofrece información valiosa y necesaria.

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Llega el “famoso” QE.

En la actualidad hay economías que se encuentran en la llamada “trampa de liquidez”, una situación en la que no consiguen crecer, hay bastante desempleo, las tasas de inflación son muy bajas, y los tipos de interés son próximos a cero, por lo que el aumento de la masa monetaria en circulación se torna una medida ineficiente para la subida de los precios, por lo que el fantasma de la deflación ronda acechante.

Es una situación que está ocurriendo actualmente, por ejemplo en Suecia. La corona sueca se encuentra estabilizada, y las tasas de inflación son muy bajas, incluso con tasas de deflación puntual, pero los tipos de interés no son un instrumento efectivo puesto que ya son de cero puntos. Es por eso que sorprende a muchos que se puedan bajar los tipos de interés aún más y se den tasas negativas. En el caso del Banco de Suecia, los tipos llegaron hace unas semanas a situarse en el – 0,10 %. Pero, como acabamos de decir, la bajada de tipos, aún negativos, en estos casos es una medida ineficaz para controlar los precios, y claro, esa medida se tuvo que acompañar de una compra de deuda soberana por valor de más de 1.000 millones de euros. Este tipo de decisiones se enmarcan dentro de una herramienta no convencional de política monetaria conocida como la “flexibilización cuantitativa”, “QE” en sus siglas en inglés, consistente en aumentar las reservas del país mediante la compra de bonos soberanos o cédulas hipotecarias. Es una herramienta que se ha empleado ya en varias ocasiones, por Japón en los años 90, por Estados Unidos a finales de la primera década de este siglo, y muy recientemente, el pasado enero, por la UE.

En el caso de la UE, y también en el de Suecia o EE.UU. tenemos otro factor que ha influido en las bajas tasas de inflación: la continua bajada del precio del petróleo, pero además en el caso de Suecia, las expectativas de aumento de los precios y los tipos de interés negativos que alejan la inversión en ahorro, están permitiendo la formación de una burbuja inmobiliaria que puede terminar pinchando en unos años con repercusiones negativas sobre toda la economía sueca.

Como digo, en la UE también nos encontramos en esa situación, y hace unas semanas, el presidente del BCE, Mario Draghi, anunció que Europa se subía también al carro de la flexibilización cuantitativa, del QE. El próximo viernes, entran en funcionamiento estas medidas, y el banco central comenzará a comprar deuda soberana de los países europeos. Tras la euforia momentánea del anuncio, supimos que el BCE soportará solo un 20 % del peso de dicha deuda, mientras que el 80 % restante lo soportarán los bancos nacionales, pero es un paso, y de ahí las continuas subidas de las bolsas desde entonces, y las bajadas de las primas de riesgo.

¿Pero qué significa esto en la práctica? ¿Cómo puede influirnos a nosotros? Si los bancos prevén que obtendrán una rentabilidad negativa de sus activos en el BCE, preferirán obtener rentabilidad de esos fondos mediante otras operaciones de crédito, como por ejemplo, los créditos a empresas o a las familias. Se aumentará el dinero en circulación sin aumentar la masa monetaria, por lo que se prevé un aumento, por fin, de las tasas de inflación. En definitiva, mediante los créditos se conseguiría el objetivo de los gobiernos de que crezca la inversión, el empleo y la economía en general. Si los bancos centrales nacionales o los bancos comerciales otorgan mayor crédito con condiciones favorables, y el dinero llega a las empresas o a las familias, puede aumentar el consumo interno, el empleo, y el crecimiento económico en general.

En ocasiones anteriores, el BCE otorgó crédito a los bancos a condiciones muy favorables, con el objetivo de que ese crédito llegara a las familias, pero los bancos tomaron los activos y decidieron invertirlo en deuda soberana, dados los altos tipos de interés a los que ésta rendía. Mediante el QE, las primas de riesgo han bajado, y por tanto la deuda soberana no es tan rentable, y además es el propio BCE el que va a quedarse con ella, por lo que el mensaje del BCE es claro: otorguen crédito a las familias. Con los tipos de interés a un 0,05 % no les queda otra.

Solo nos queda, pues, esperar que funcione.

La carpeta del referéndum no deseado.

Parece que se ha puesto de moda el debate monarquía/república tras la abdicación del rey. Eso, el debate en sí mismo, la pertinencia de debatir ahora sobre la necesidad de un referéndum, es lo que me parece más interesante. ¿Por qué ahora? ¿por qué no antes, en épocas de mayor estabilidad? No hablaré, pues, de las ventajas o inconvenientes de una república sobre una monarquía y/o viceversa, ni sobre el papel del actual rey en sus 39 años de reinado o la preparación de su hijo como heredero de la corona. Hablaré sin más, del debate referéndum sí, o referéndum no, que para eso está de moda.

Muchos en estos días se llenan la boca hablando de democracia. “No hay en la actualidad palabra más denostada, menospreciada o desprestigiada que la palabra democracia”, escribía un servidor en Twitter hace unos días. Por lo visto, todos los que no quieren la celebración de un referéndum, directamente son enemigos de la democracia, no son demócratas, o peor, son unos fachas amigos de la dictadura. Algunos reducen la democracia al hecho de “votar”. Votarlo todo. Votar, sin más; escuchar constantemente lo que quiere el pueblo. Pues flaco favor le hacemos a la democracia si la tratamos de ese modo. Democracia no es solo escuchar a pueblo, democracia es también respetar el estado de derecho que hemos decidido entre todos; democracia no es solo votar, sino respetar lo votado; democracia es solicitar un referéndum que se ajuste a derecho, y no en las plazas de cualquier ciudad.

Los dos principales partidos no creen que sea necesario preguntar por la forma de la jefatura del Estado. No olvidemos que lo que tenemos es una monarquía parlamentaria, que es exactamente igual que una república cuyo presidente cambia por herencia y no por elección. Y no olvidemos que PP y PSOE están ahí porque los han puesto casi 18 millones de votos. Como digo, no creen necesario un cambio de ese tipo, porque creen que la monarquía ha dado estabilidad, bla, bla, bla, y creen que el heredero está preparado (de hecho no creo que haya nadie más preparado, lleva 46 años preparándose para ello). En fin, como no lo creen necesario, pues no creen que haya que pedir ningún referéndum. Por lo tanto, quien quiera pedirlo, que lo haga, por supuesto, siempre respetando las normas comúnmente aceptadas por todos. Porque las reglas hay que cambiarlas desde las reglas aceptadas. Eso es democracia.

¿Y por qué hay que respetar la Constitución si es de 1978 y el nosecuántos por cierto de la gente no la ha votado? Argumento totalmente ridículo, en EE.UU. aprobaron su Constitución en 1787, así que, con toda la probabilidad, los ciudadanos vivos que la votaron son cero. Por otra parte, una carta magna no es algo que haya que cambiar cada 5 años. Ni cada 10, ni cada 20. Puede reformarse, claro, y de hecho, creo que a la nuestra le hace falta un repasito, pero voy a lo que voy. ¿Por qué respetar nuestra Constitución? Pues sencillamente porque si no se hace, tampoco habría razones para respetar otra posible constitución que resultara de su reforma.

Podemos hablar del coste. Es cierto que elegir un sistema un otro por su coste es un argumento cicatero. Pero creo que se debe tener en cuenta cuando hay claros indicios de que tal referéndum no serviría de nada. Bien, unos amigos de la página “Qué hacen los diputados” (página muy recomendable, por otro lado), han realizado un ESTUDIO a petición mía, en el que estiman el coste de un referéndum en unos 14,4 millones de euros. Con ese presupuesto se podría pagar el coste de la monarquía unos dos años, ya que los últimos presupuestos del Estado hablan de que su coste anual es de 7,9 millones. Creo que eso también habrá que tenerlo en cuenta a la hora de estar convocando un referéndum cada dos por tres.

Se puede hablar de abaratar los costes de las consultas con sistemas telemáticos, muy de acuerdo. Habría que ayudar a alguna gente, pero estaría de acuerdo, y de hecho, para eso tenemos un DNI “electrónico”, que nunca usamos para nada “electrónico”. Aunque respecto a la toma de decisiones importantes por parte de la ciudadanía, y siguiendo la legalidad por supuesto, aunque lo veo bien, tendría algo más que argumentar. Quizá en algún tiempo, y tras esa pedagogía política de la hablo; no me refiero a instruir para dirigir el voto, sino de construir un país de ciudadanos que efectivamente lo sean, que sean críticos con el sistema y participen de él con conciencia de lo público. Y que sean críticos consigo mismos. En definitiva, que tengan madurez democrática. Les pongo un ejemplo: En Suiza, hace escasas semanas hubo una de estas consultas en las que se preguntaba a los ciudadanos si querían tener un sueldo mínimo de unos 3.200€ al mes (el sueldo medio de aquel país está en 5.700€, sería un 56%). La respuesta de los ciudadanos suizos fue NO. En España el sueldo medio es de unos 1700 € en 2013, y por tanto el 56% serían unos 950€. ¿Creen que esa pregunta obtendría la misma respuesta en España preguntando por un salario mínimo de 950€? (más de 300 € por encima de salario mínimo actual) ¿Qué consecuencias tendría un Sí en ese caso? Lo digo yo: probablemente más un millón de desempleados más de un día para otro.

Lo único cierto es que las reglas del juego son las que son, y que si no las respetamos podemos meternos en una espiral muy peligrosa. Francamente hay muchas cosas que funcionan mal en este país, y en mi opinión mucho más importantes que la jefatura del estado. Insisto en que el trabajo de un rey en una monarquía parlamentaria es el de firmar las leyes y actuar de embajador, y hasta ahora eso se ha ido haciendo bien. También creo que Felipe de Borbón puede mejorar muchas “cosillas” que su padre no ha hecho bien, ya que tiene otra perspectiva, mucha más formación y, sobre todo, juventud. Luego está la posiblidad de buscar a alguien que pudiera ser un eventual presidente de la república de España, a mi se me antoja prácticamente imposible (¿Felipe González? ¿Aznar? ¿Esperanza Aguirre? ¿José Bono?).

Creo en un sistema democrático de arriba a abajo, creo en la elección del jefe del Estado (aunque su figura sea meramente representativa), creo en la república, pero no veo que sea posible por ahora. Podría decirse que soy un republicano con paciencia, porque creo que una república no puede venir solo por la izquierda, como pretenden algunos que llegue, una república solo sería fuerte si llegara de izquierdas y de derechas. Y para ello, primero hay que enseñar a los ciudadanos que una república no es algo ni de izquierdas ni de derechas, y que una monarquía tampoco lo es, igual que otras muchas cosas. Está claro que no puede haber un referéndum cuando hace tres semanas en unas elecciones el 55% de la gente se quedó en su casa, arguyendo muchos de ellos que “son todos iguales, todos unos corruptos”, que “no sirve de nada”, o que “yo soy antipolítico”. Hay que enseñar a la gente que, desde el momento en que nacen son ciudadanos, desde el momento en que pisan la acera que está junto a la puerta de su casa, están pisando lo público, y que político es la persona perteneciente a la “polis”, y que, por tanto, políticos somos todos.

Nashville – Season 2

BE MY GIRL

I know it’s wrong but i want you
Even if you cant tell
By the way that you look me
I know you want me as well

And before the night’s over
We’re both going to give in
So come a little bit closer
Where you and I can begin

So let’s
Move fast
Groove slow
Doesn’t matter where
Baby, let’s go
Move fast
Groove slow
Don’t you wanna be my girl?

You twirl your hair with your fingers
Girl, I know what that means
I see you there in the corner
You should be dancing with me

And before the night’s over
We’re both going to give in
So come a little bit closer
Where you and I can begin

So let’s
Move fast
Groove slow
Doesn’t matter where
Baby, let’s go
Move fast
Groove slow
Don’t you wanna be my girl?

So let’s
Move fast
Groove slow
Doesn’t matter where
Baby, let’s go
Move fast
Groove slow
Don’t you
Don’t you
Don’t you
wanna be my girl?

El hombre como víctima de la discriminación hacia la mujer.

La mujer ha sido históricamente tratada como ser inferior por diferencias únicamente biológicas. En todas las visiones que se ha tenido de la mujer en las diferentes culturas a lo largo de los años, se le ha tratado como ser imperfecto, defectuoso; desde los mitos de la antigüedad griega o egipcia se nos mostraba a deidades masculinas superiores y creadores y deidades femeninas sumisas y destructoras. En las distintas religiones, en especial la judeocristiana, se continuó con esta tendencia: la mujer debía ser sumisa y obediente porque había sido creada a partir del hombre, y por eso era su propiedad. Del mismo modo que Dios pensaba por el hombre, el hombre tenía que pensar por la mujer, y esta debía permanecer callada. Hemos de recordar que el personaje central de esta religión, el propio Jesucristo, nunca tuvo una palabra discriminatoria entre mujeres y hombres. Lo único cierto desde la perspectiva histórica es que la mujer ha sido (y es) indispensable para la supervivencia humana, no solamente por ser la que engendra y da a luz, sino por su dedicación tanto a las tareas del hogar, como al trabajo junto al hombre en la agricultura, ganadería, artesanía, etc.

Debido a todo lo anterior se han ido creando a través de los siglos estereotipos del hombre y de la mujer, que no son más que falsas creencias que se han ido interiorizando y reproduciendo de generación en generación: el hombre como ser fuerte y protector, y la mujer dócil y sumisa. Y así llegamos hasta nuestros días, en los que, por culpa de estos estereotipos, se siguen dando formas de sexismo.

Si nos centramos en las diferencias “reales” entre hombres y mujeres, y teniendo en cuenta que lo que hacemos es una generalización, sólo podríamos hablar de diferencias que radican en una mayor fuerza física de los hombres, y en intereses profesionales diferentes, además de una leve superioridad en inteligencia espacial; mientras que en la mujer tiende a destacar la inteligencia artística y musical, y el interés hacia la afectividad y lo sentimental. Siempre, hay que volver a repetir, se trata de diferencias muy reducidas y entre sexos, nunca debidas a ellos.

Como el único fundamento de las diferencias “parece ser” la diferencia de sexo, sería lógico hacer hincapié en su examen. Para la reproducción sexual es necesario tener un varón y una hembra; hasta ahí todo claro. Pero en el caso humano es más complejo, ya que también se necesitan las emociones, los afectos sexuales y la intención. Esta última cualidad, la intención, es la más importante, ya que, a diferencia de otras especies en las que la reproducción se basa en el instinto de conservación, y es por eso que se dan épocas específicas de celo, en el caso del ser humano, la sexualidad es libre, y tanto el hombre como la mujer pueden sentir deseo sexual prácticamente durante toda su vida, incluso aunque ya no sean capaces de procrear.

Es justo decir que la mujer tiene un mayor compromiso con la procreación, ya que físicamente pasa por momentos relacionados directamente con la misma, como la menstruación, la gestación, el parto, el amamantar, la menopausia… Pero tras la procreación, la mujer siempre se ha encontrado con otro gran problema: la conciliación entre la vida laboral y personal. Tradicionalmente, la mujer se ha encargado del cuidado de los hijos y además se encargaba de las tareas de la casa y de la ayuda en el campo y con el ganado. Prácticamente no tenía tiempo para el ocio.

Aún hoy, la mujer sufre discriminación si trabaja fuera de casa y se le llega a acusar de “abandonar a sus hijos”; no así ocurre con el hombre. Podemos recalcar que en nuestra cultura mediterránea, muy familiar, los hijos tienden también a cuidar de sus padres de avanzada edad, y de esa tarea también se encargan mayoritariamente las mujeres. De hecho es más común que sean las mujeres las que abandonen su vida profesional para ocuparse de todos estos menesteres, y no lo hagan los hombres. En el ámbito laboral la mujer sigue teniendo una remuneración menor a la del hombre por el mismo trabajo, y esto es algo que ocurre especialmente en niveles inferiores.

Si tenemos en cuenta esta perspectiva histórica nos damos cuenta de cómo la mujer ha participado siempre de forma más activa en la educación de hijos, en ocasiones de la sobreprotección de los niños, debido a la propia interiorización de los estereotipos de los que hablábamos, y el intento de perpetuarlos. Mientras, los hombres han servido únicamente para el trabajo, también perjudicados por esos estereotipos que les han hecho más dependientes. Con esto no quiero defender al hombre, simplemente apuntar que el propio hombre también ha sido una víctima de la discriminación histórica hacia la mujer. Al cargar a esta de tanto trabajo, a aquél lo convertíamos en un incompetente en muchísimos ámbitos, lo estábamos “maleducando”. Y muchos hombre de avanzada edad, aún hoy en día, se encuentran tras su jubilación que no tienen nada que hacer, ya que lo hacen sus mujeres. Si enviudan, la situación es realmente desoladora.

Para eliminar todos estos clichés, toda discriminación hacia la mujer, y para hablar de personas y no de hombres y mujeres como contrarios, para todo esto está la educación. La educación que sirve para tantas cosas, y que últimamente unos y otros desprecian de mil maneras.

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Con esto quiero decir que las víctimas de la discriminación somos todos, que la separación entre hombres y mujeres no es positiva para nadie, y que ha llegado la hora en la que “hombre” no sea lo contrario de “mujer”, sino tan solo dos formas distintas de decir “persona”, del mismo modo que “hermano” no es lo contrario de “hermana”

(ESTA ENTRADA ESTÁ BASADA EN EL LIBRO “ARCO IRIS DE MUJERES”, DE ANTONIO RUS ARBOLEDAS)

 

La verdadera revolución de la televisión.

Sorpresa en las audiencias del mes de noviembre. Tras un mes reñidísimo en el TeleCinco ha puesto toda la carne en el asador, Avatares, Belenes, RosaBenitos, y KikoRiveras incluídos, Antena3 se ha llevado el mes apostando por lo mismo que apuesta desde hace un par de años, el entretenimiento de calidad. Y yo me alegro mucho, es una señal sin duda para TeleCinco, que debe plantearse una revolución y empezar a blanquear su televisión. Una revolución radical que acabe con la telebasura en nuestro país, una revolución valiente como la que acometió Antena3 y que le ha salido muy bien (a la vista está). Una revolución que acabe con los late-night inútiles, con los viceversas, con las buenas leyes y con los sálvames. Que acabe incluso con La7 y Nueve, canales inútiles totalmente, por muy rentables que les resulten.Y que retiren “Abre los ojos”, por favor, que es de vergüenza ajena… es me entra la risa floja de ver a Emma García hablando de según qué temas… Que vuelva “El Gran Debate”, y devuelvan a Jordi González al prime-time del sábado, de donde nunca debió salir. Que vuelva la Mirada Crítica, un formato que nunca debió desaparecer, que creen un nuevo canal de información 24h y que miren a televisiones de otros países para crear un modelo digno de entretenimiento e información. En definitiva, que empiecen a buscan una rentabilidad a largo plazo y no peleen tanto por las décimas del total diario, que no aportan nada al espectador. Que comiencen a darse cuenta de que su modelo está agotado. 

Y desde aquí mi enhorabuena a A3 por conseguir cambiar de modelo, en relativamente poco tiempo, y además hacerlo de forma exitosa. Aprovechando quiero pedirles algo, ahora que ha conseguido lo que parecía imposible. Quiero pedirles que den un paso más en la revolución televisiva que necesita este país. Y es que comiencen a respetar a los espectadores: que limpien sus pantallas de logotipos y anuncios, que anuncien su programación con 2-3 meses de antelación, que no alarguen los programas hasta las mil, que traten bien sus series extranjeras, programando un capítulo y lo más pronto posible desde su emisión en el país de origen, que hagan capítulos de sus series nacionales de 50 minutos, que comiencen su prime-time a las 10 de la noche, y no casi a las 11… Si todo esto lo hacen desde todos los canales de Atresmedia (Antena3, laSexta, laSexta3, Neox, Nova, Nitro y Xplora), estoy seguro de que RTVE les seguirá encantados, porque desde que no tienen publicidad se comportan de forma absurda, alargando programas e informativos con un complejo infinito de televisión privada. Y tras ellos Mediaset hará lo mismo. Que empiece la verdadera revolución de la televisión que necesita y pide este país.

El dolor de una madre.

Otra vez un circo mediático. Otra vez el dolor de una madre en el centro de la polémica. Otra vez una familia al descubierto en pleno calvario. 

Hoy a mediodía, en el informativo de Canal Sur, hablaban de que serían ellos quienes se encargarían de la señal de televisión del juicio que probablemente condenará a José Bretón por la muerte de sus hijos. Y hablaban de que esta señal se distribuiría a todas las cadenas y de que muchas de estas, cadenas tanto de televisión como de radio, retransmitirían el juicio en directo tal que si fuera un partido de fútbol. 

¿Es lógico que un juez permita que esto ocurra? ¿Es ético? ¿Es ético que cada día se dediquen dos o tres horas a hablar del caso en programas matinales con el engañoso objetivo de informar? ¿Lo es que esas dos horas sean líderes de audiencia? ¿Es eso lo que quieren los espectadores? ¿Es eso libertad? 

Me repugna, y siento que esa sea la palabra, que cada día miles de personas se sienten ante el televisor a ver cómo se despelleja el dolor de una madre, a ver cómo se desangra la muerte de unos niños, a ver, en definitiva, la pugna entre unos y otros por ver quién se come el trozo de carne más fresco. Y me repugnó en el caso de Marta del Castillo. Y en el de la niña Mariluz. Y en el de cualquier caso en el que se ponen grandes titulares de “exclusiva” sólo para contar un nuevo tipo de dolor. Por mi parte, lo único que me interesa del caso, es que el culpable de arrebatar la vida de dos niños pague cuantos más años de cárcel mejor, y que esa familia pueda descansar tranquila, sin ver su dolor a la venta expuesto en cualquier escaparate de cualquier desalmado.